De ser la noche

Mar 23, 2017 | Diario | 0 comments

Esta es la historia de la experiencia emocional más aterradora de mi vida y empieza conmigo, siendo escritora.

Me he considerado escritora desde que tengo memoria. “Escritora” es la palabra que siempre sostuvo y definió mi alma. No importaba qué estuviera estudiando o en qué estuviera trabajando, ya sabía que sería temporal, porque en esencia yo era escritora. Escribir es lo único en lo que me sabía buena y donde no me sentía como una impostora.

Escribir era lo único en que me podía sumergir por horas.

Cuando escribía, todo a mi alrededor se desvanecía. Todo ruido, todo pensamiento. Éramos solo yo y las palabras de una historia que a veces, estoy segura, ni siquiera estaba creando, si no escuchando desde un lugar muy lejano.

Mientras escribía, nada más importaba.

Escribir me salvó de la locura, de la tristeza y de la desesperación. También guio mi alegría y mi energía.

Ser escritora, lo era todo.

Esta es la historia de cómo dejé de serlo.

Unos meses atrás le dije a marido “sabes, es hora de enfrentar la realidad. Es hora de aceptar que no soy una aspirante a escritora, sino una escritora fracasada. He tratado de vender mis historias por años, ¡peor! he tratado de terminar mis historias por años… simplemente, no va a pasar. Tengo que enfrentarlo y seguir adelante”.

Mi esposo, siendo el hombre que es, me dijo “no se te ocurra pensar en eso, menos creerlo. Yo sé que tú puedes hacerlo. No hay que renunciar a los sueños y yo sé que tienes talento. Yo trabajo no solo por nuestra familia y sino para que tú puedas realizar tus sueños. No quiero volver a oír esto otra vez, por favor sigue adelante”

Así que seguí trabajando, (y amándolo aún más).

Pero para enero de este año, muchas cosas se habían ido acumulando. La elección de Donald Trump me hizo caer en una profunda desesperanza, (de la cual me recuperé gracias a una entrevista con un monje Budista) y yo ya había creado y detenido antes de empezar otro esquema de negocios… (¡me he ido a la bancarrota tres veces!). Había intentado conseguir un agente y había vuelto a fallar. Estaba pensando en cómo decirle a mi bien amado que ya no podía soportar la tristeza de “no lograrlo”. Juro que si hubiese recibido una carta más de rechazo (o silencio como respuesta, que es peor) me habría vuelto loca.

Las historias dejaron de venir.

Por primera vez en mi vida, no podía escribir de noche.

Recuerdo claramente el día en que estuve a punto de decirles a todos “dejo todo hasta aquí, renuncio” y justo vi un video motivacional de no más de 4 minutos en Facebook. Uno de esos videos que no dicen nada nuevo pero, por alguna razón, este realmente se quedó conmigo.

El orador dijo “no tenemos limitaciones, somos adictos a ellas” y “si estamos en crisis, en el fondo sabemos que todo va a estar bien. Entonces, ¿qué pasaría si pudiéramos trabajar desde el fondo todo el tiempo?”. Incluso más importante, dijo “nosotros los seres humanos necesitamos, saber, saber… pero necesitamos enamorarnos del no saber”. Pensé en esto todo el día.

Esa noche, fui a la casa de una amiga en Santiago y en los 45 minutos de regreso a casa, pude sentir que había alcanzado el punto de inflexión. No me pregunten como lo supe, pero podía sentir la energía moviéndose a mi alrededor como una marea. Ahora, ahora, ahora.

Así que detuve el auto a un costado de la carretera. Y traté crear espacio para esos pensamientos. Entonces, recordé las palabras de uno de mis maestras “TU, tú necesitas ser la noche. Piensas demasiado, haces demasiado, intentas manejar tu vida, pretendes saber lo que eres. Necesitas detenerte y ser la noche. Porque dentro de la noche y en su absoluta oscuridad, allí se encuentran todas las posibilidades. Los sueños nacen de la nada, de la oscuridad. Sé la noche”.

Miré hacia afuera del auto; había un cielo oscuro y estrellado. Y de alguna manera me pareció que las palabras de mi maestra eran más o menos las mismas que las del orador del video.

“Sé la noche” susurré.

No tenía la menor idea de cómo hacerlo. Pero al mirar el cielo, tuve un pensamiento muy claro: “deja de considerarte una escritora. Déjalo ir y permítete no saber lo que eres”.

Ojalá pudiera decir que fue tan simple como eso. Pero tan pronto como lo pensé, entré en pánico. Sentí que se me apretaba el pecho y me costaba respirar, (esto nunca me había sucedido antes) y sentí que mi alma se partía en dos.

“No, no dejes que esto pase” Sentí/escuché. (Sí, me di cuenta de que me estaba poniendo Gollum para mis cosas) “No hagas esto. Si no eres escritora, todos estos años, todo el trabajo, habrán sido en vano. Todo lo que has hecho será un error y… ” Traté de pensar, pero todo era angustia. Me sentí llorar, me sentí pensar “no puedo hacer esto. Si lo hago, no hay nada, nada”… pero esa noche mi amiga me había dicho que era valiente. Y saqué el coraje de ese pensamiento, respiré profundo, cerré los ojos y me busqué dentro mis gritos.

Y dije en voz alta “No soy escritora”

Escuché mi propia convicción. Supe, que en ese instante, había dejado de serlo.

Lo que pasó después, no sé si pueda explicarlo. Las voces de angustia callaron, pero no porque se fueran, sino fueron silenciadas por la incredulidad… y la pérdida de toda esperanza.

Era un silencio de derrota.

Me quedé ahí, en ese silencio. Afiancé mi decisión: “No sé quién soy”.

Luché contra el terror sólo porque en ese lugar mental había una calma extraña.

Entonces…

Fui la noche.

Estaba en un espacio profundamente oscuro y ahí no había nada. Era como si todo yo hubiese sido borrado. Y no había nada que lo reemplazara.

Fui oscuridad.

Y me oí nuevamente, pero esta vez era una profunda voz interior, quizás la voz de mi verdadero ser llegando desde ese lugar donde todo nace, diciendo: “es verdad, has estado equivocada, no eres una escritora”.

Angustia. Y con la sensación de ser golpeada con un dolor sordo. A decir verdad, no sé cómo lo hice para quedarme allí.

Y entonces oí:

“Estas equivocada. La escritura es solo un medio. Escribir no es lo que eres, es una manera de canalizar lo que eres. No eres sólo una escritora. Pues lo que eres, es una artesana de historias”

Entonces sentí que todo encajara de pronto. Millones de pequeñas partes de mi vida, volviendo: la única cuenta-cuentos que he escuchado, hace más de 20 años; yo, aprendiendo a dibujar para poder ilustrar mis historias; yo, tomando todas esas clases de dirección de televisión en la universidad, clases de guion, mis hijos escuchando mis historias…

Sentí como si me estuvieran armando desde cero.

“No soy solo una escritora”, pensé. “La escritura es una manera para que mis historias salgan. La más lenta, de hecho. Es lo que mejor hago, pero en mi afán perfeccionista, nunca termino nada”

“Y las historias se quedan atrapadas dentro de mío porque nunca puedo escribirlas lo suficientemente rápido. Esas historias me están ahogando y creando todo el dolor. Necesito sacarlas de alguna forma, para hacer fluir la energía. Tengo que sacar esas historias a video, ilustrándolas, como sea.”

Volví a respirar. E instantáneamente me inundaron ideas… de cómo vender historias, ideas para nuevos cuentos, ilustraciones.

Esta inundación no se ha detenido

Así que eso es lo que estoy haciendo.

Estoy creando historias. Contándoselas a la cámara (y a ustedes), creando un canal de Storycrafter en Youtube y Patreon.

Estoy, por primera vez, parándome en un escenario a contar historias (¡mi ansiedad social NO esta contenta con esto! Me están dando alergias y otras cosas medios extrañas, pero eso es otra historia)

Me estoy convirtiendo en una Storycrafter, artesana de historias.

Y espero que puedas venir, disfrutar y apoyar el viaje.

Victoria